Erase una vez en un mundo de color azul hortera, una princesa con una belleza sin igual.
Su belleza solo podía estar ensombrecido por su soledad.
Cada día que pasaba sin amor, hacía palidecer su rostro.
Caminaba y caminaba a solas, hasta que un día su principe azul, ¡o rojo!, aparecio de improvisto.
Soño despierta, imaginando los largos, y calidos abrazos en sus fuertes brazos.
Sorprendida ante tan apuesto hombre, pero cautivadora y coqueta, le conquistó.
Se fundieron en un largo y apasionado beso, que sello su amor para siempre.
Y del fruto de este amor, nacierón tres retoños niños-melones; y obviamente, vivirán felices y comerán perdices.
Fin


